Javier Milei, un candidato uultraderechista y ultraliberal fue el sorpresivo ganador de las elecciones primarias a la Presidencia de Argentina, capitalizando un voto de descontento que, según sus propias palabras, espera que sirva para poner fin en octubre al “modelo de la casta”.

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) suelen ser una radiografía del estado de ánimo del país, cuyo descontento con la clase política se ha dejado ver nuevamente durante las elecciones locales, con porcentajes elevados de abstención y voto en blanco.

Lo cierto es que el Kirchnerismo peronista y su prolongación, el actual presidente Alberto Fernández, ha extendido una crisis socioeconómica profunda en Argentina y los resultados del domingo son la muestra de esa realidad.

Milei parece ser un anarquista radical en algunos de sus planteamientos, de lenguaje altisonate que se asemeja a Donald Trump o Jair Bolsonaro en su capacidad disruptiva de la política local.

El aspirante presidencial propone medidas como dolarizar la economía, privatizar las empresas públicas del Estado y cerrar (“dinamitar”, en sus propias palabras) el Banco Central. Además, es un opositor a la legalización del aborto y a la educación en temas de género e identidad en las escuelas públicas.

Milei es el resultado de la inconformidad de los argentinos, de un estado de hartazgo ante un deterioro progresivo de la vida, de la capacidad económica, de la estabilidad del país, el hartazgo hacia una clase política que lleva décadas incumpliendo promesas y hundiendo al país cada vez más.