Los magistrados del TSE y su equipo informático no supieron explicar qué pasó, no dieron la cara para resolver los evidentes problemas que ocurrieron en las Juntas Receptoras de Votos. No hubo la previsión y se implementó un sistema mediocre cargado de improvisaciones que simplemente no funcionó.
Fue un comportamiento desconsiderado con los votantes y con los miles de ciudadanos que trabajaron honestamente en las Juntas Receptoras de Votos para recibir a los ciudadanos y luego contar los votos. Fue indignante ver a los integrantes de los centros de votación trabajando todavía en la madrugada del lunes sin que el TSE pudiera resolver nada, sin que apareciera quién diera respuesta.
El sistema informático del TSE no solo queda reprobado sino que ensombrece una jornada electoral en la que la población se volcó a las urnas ejemplarmente, sin incidentes, sin violencia. Lo que sería una fiesta cívica terminó aguada por esta situación.
El papel de los magistrados ha sido vergonzoso en este sentido. No puede ser que desaparecieran de la palestra pública después de las nueve de la noche y el sistema de divulgación no permitiera saber resultados preliminares sobre las elecciones de los diputados y solo se divulgara un tercio de los votos de las elecciones presidenciales. Simplemente fue un trabajo desastroso que esperemos no se repita en las elecciones municipales del 3 de marzo.