Hernández, conocido como JOH, está acusado de participar y proteger a una red que envió más de 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos entre 2004 y 2022 y además de recibir “millones de dólares” de los cárteles de la droga, entre ellos del narcotraficante mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán.
JOH personaliza el narcoestado en el que convirtió a su país. Honduras se volvió una especie de pista de aterrizaje nacional del tráfico de drogas y ahora es hasta productor de hoja de coca. Todos los partidos políticos -incluyendo el que gobierno actualmente- han sido mencionados de tener nexos con el crimen organizado.
Tristemente, el caso de Hernández no es único. Hay que recordar al hombre fuerte panameño Manuel Antonio Noriega y el año pasado, el exsecretario de Seguridad Nacional de México, Genaro García Luna, el funcionario mexicano de mayor rango en sentarse en un banquillo en Estados Unidos, fue declarado culpable de narcotráfico.
Lo ocurrido con Juan Orlando Hernández es penoso para un país centroamericano, una vergüenza, pero también un pésimo ejemplo que hay que luchar por no replicar en otros países de la región. En El Salvador debemos cuidar que el narcotráfico no nos contamine. El narcotráfico corrompe y envenena toda una nación como ya vimos en Colombia y México. Salir de esa vorágine cuesta demasiado en vidas y recursos.