Desde aquellos inciertos días de inicios de 2020, El Salvador y el mundo entero vivió momentos horribles de tensión, pánico, profunda incertidumbre y una crisis económica de la que todavía no salimos. Aquellos confinamientos sin precedentes, imágenes de ciudades de todo el mundo vacías, paralizadas, son recuerdos imborrables de esos días. Pero también lo fue la paralización de la economía y sus consecuencias sobre los empleos y los bolsillos de las personas.
Aquí en El Salvador lo sufrimos todo, desde el pánico inicial, el confinamiento, el cierre de negocios, la escasez de papel higiénico y otros productos, las restricciones para salir, el temor generalizado a enfermarnos y morir, las escenas dolorosas de los funerales de las víctimas y muchas situaciones más.
Pero también hay que destacar el enorme sacrificio del personal de Salud, de todo un gobierno que se volcó a la emergencia y que logró adelantarse en muchas medidas de prevención y luego la etapa de la vacunación. Que hubo fallas, por supuesto, era una situación inédita la que enfrentábamos como especie y fue duro superarla, pero lo logramos.
Queda ahora mirar hacia adelante sin olvidar el pasado y prepararnos para cualquier situación extrema en el futuro. Aprender las lecciones de los fracasos, reconocer los logros obtenidos y dar gracias al Altísimo por haber superado esta terrible pesadilla.