Los resultados de las elecciones legislativas del 4 de febrero han dejado al FMLN sin diputados por primera vez desde que incursionaron en la vida política electoral en 1994. Además, el FMLN tuvo el menor caudal de votación en una elección presidencial desde hace tres décadas.

El partido que gobernó El Salvador entre 2009 y 2019 simplemente vio desvanecer todo su apoyo debido a pésimos gobiernos y a los escándalos de corrupción que rodearon a sus expresidentes, ambos hoy protegidos por Daniel Ortega en Nicaragua.

El FMLN fue siempre equivalente a incertidumbre en El Salvador, a desconfianza. Gran parte de la población temía que si llegaban al poder, convertirían a El Salvador en otra Cuba, Venezuela o Nicaragua, por su identificación ideológica con esos regimenes, pero además por su defensa ardorosa a los mismos, pese a todos los abusos que cometen.

Una vez en el poder se dedicaron a administrar crisis, a “detener la peña” sin mayores cambios ni transformaciones, pactando con pandillas e incapaces de mejorar la economía o la seguridad. Y luego vino la corrupción y las repetidas crisis institucionales. Simplemente fracasaron en casi todo lo que emprendieron y frustraron las ilusiones de aquellos que los apoyaban.

El resultado de esta elección es el fruto de esos malos gobiernos, ya sin credibilidad y sin recursos terminaron sin diputados. ¿Se podrán renovar en pensamiento y dirigencia, además de dejar esa ideología trasnochada y fracasada que aún defiende a los Castro, a los Ortega y a Maduro? Muy difícil. Muy probable que no solo se queden sin diputados sino también sin alcaldes.