La presidenta hondureña, Xiomara Castro, admitía el fin de semana que su país sufre una grave problemática con el suministro eléctrico, debido entre otras razones a que la sequía ha bajado el nivel de los embalses de las represas hidroeléctricas. El Ente Operador Regional (EOR), encargado del mercado eléctrico de Centroamérica, advertía ayer que el fenómeno climático de El Niño ha comenzado a reducir la generación de energía hidroeléctrica en varios países centroamericanos.

El problema de Honduras no ha sido solo El Niño sino una pésima planificación -el problema ya había sido advertido a inicios del año pasado- y una serie de cambios en los contratos con las generadores privadas que han desincentivado la inversión en energía, un claro ejemplo que el discurso antiempresarial puede traer consecuencias graves a un país. Por supuesto, los apagones están trastornando la vida de los hondureños y afectando la productividad de las empresas.

Las decisiones del gobierno de Honduras son un pésimo ejemplo de lo que no hay que hacer en situaciones como estas. La estatal Empresa Nacional de Energía Eléctrica tiene un calendario de cortes del servicio que en algunas zonas llegan hasta ocho horas diarias.

Aunque no es el caso de El Salvador, que a inicios de mayo fue el país que más electricidad inyectó al sistema eléctrico centroamericano con 132,473 megavatios/hora (MWh), es importante ver el caso hondureño como una muestra de cómo una combinación de ineptitud, populismo y falta conocimientos elementales del mercado, pueden traer consecuencias graves a un país en materia de generación eléctrica y distribución.