El discurso de los gobernantes comunistas cubanos esta semana se parecía tanto al del ultraliberal argentino, Javier Milei: “No hay plata”, parecían decir, haciéndose eco del nuevo presidente sudamericano que la izquierda latinoamericana tanto ha denostado en las últimas semanas y que ahora calla cómplice ante el paquetazo de la isla comunista.

El gobierno cubano anunció el lunes un aumento del 500 % en el precio de los carburantes, sí 500 %, de manera que los pocos cubanos que tienen vehículo propio se la pensarán dos veces para circular. Cuba de por sí ya tiene problemas de transporte público cada vez más limitado, de manera que los cubanos tendrán que andar a pie o idearse otras formas primitivas de movilización. Además hay alzas dramáticas en el gas licuado y la energía eléctrica.

En cualquier país latinoamericano, esos incrementos desatarían manifestaciones violentas de los grupos de izquierda, pero en Cuba es prohibido hacer manifestaciones y la izquierda latinoamericana calla al respecto, pese a todos los gritos que ha dado contra las medidas económicas de Javier Milei.

La gran diferencia entre Argentina y Cuba es que el país sudamericano es inmensamente rico en comparación a la empobrecida isla caribeña, quebrada por décadas de pésimos manejos pese a los subsidios primero de la Unión Soviética y luego de la Venezuela chavista.

El paraíso socialista está tomando medidas neoliberales que parecen encaminadas a ordenar las finanzas públicas históricamente acostumbradas al despilfarro. Además de la dificultad para comprar el combustible, muchos cubanos temen que la medida alimente aun más la inflación, ya galopante desde 2021. Los precios subieron 39% en 2022, 30% en 2023, según cifras oficiales. Además, la economía cubana se contrajo hasta un 2% en 2023.