El regreso del sarampión a El Salvador, tras casi tres décadas sin casos registrados, no solo enciende las alertas sanitarias, sino que también pone en evidencia una fragilidad creciente en la cultura de prevención en salud pública. Los 11 casos importados confirmados por el Ministerio de Salud no deben interpretarse como un hecho aislado, sino como la manifestación local de un problema regional y global: el debilitamiento de las coberturas de vacunación.

La respuesta institucional, con una campaña dirigida a inmunizar a 30,000 niños entre los 6 y 11 meses, es oportuna y necesaria. Adelantar la llamada “dosis cero” refleja una estrategia preventiva adecuada frente a un virus altamente contagioso que no da margen de error. Sin embargo, más allá del despliegue logístico, el desafío de fondo es recuperar la confianza ciudadana en las vacunas y combatir la desinformación que ha permitido el resurgimiento de enfermedades que ya se consideraban controladas.

Resulta preocupante que el sarampión, una enfermedad prevenible, esté registrando nuevamente cifras elevadas de mortalidad en el continente. La mención de países como Estados Unidos y México, donde los brotes recientes se han vinculado a la baja vacunación, demuestra que ni siquiera los sistemas de salud más robustos están exentos cuando la inmunización deja de ser una prioridad colectiva.

El llamado del infectólogo Ernesto Navarro a reforzar la enseñanza del sarampión en las escuelas de medicina también es pertinente. Las nuevas generaciones de profesionales de la salud se enfrentan a escenarios epidemiológicos que creían superados. La memoria histórica, como la epidemia de 1989 que dejó 200 niños fallecidos en El Salvador, debe servir no solo como registro, sino como advertencia.

El brote regional asociado a eventos multitudinarios, como el ocurrido en Guatemala, evidencia además la rapidez con la que las enfermedades infecciosas pueden cruzar fronteras en un mundo interconectado. Esto obliga a fortalecer la vigilancia epidemiológica y la coordinación entre países, pero también a asumir una responsabilidad individual y comunitaria.