Las justificaciones son tan absurdas que hasta cuesta trabajo creerlas, pero vienen de la misma dictadura. El obispo Isidoro Mora fue encarcelado después que expresara públicamente que ora por el obispo Rolando Álvarez, apresado desde agosto de 2022 por denunciar los abusos de la pareja dictatorial.
La dictadura entonces hizo saber a los sacerdotes y obispos que tenían prohibido mencionar el nombre de Álvarez en sus oraciones públicas o en las misas. Acto seguido empezó a capturar a una veintena de prominentes sacerdotes en Managua y otras ciudades del país.
Ortega pretende mantener a esos sacerdotes como rehenes para negociar con El Vaticano el nombramiento de obispos afines a su dictadura y cesar así las críticas que hacen los prelados a las injusticias y vejaciones que comete su desgobierno. Es decir, es un gobierno que se comporta como mareros como extorsionistas, como secuestradores, porque ni uno solo de los sacerdotes capturados ha sido arrestado bajo orden judicial. Es más, ni la jerarquía católica ni sus familiares conocen su paradero por lo que organismos de Derechos Humanos hablan de desapariciones forzosas a manos del Estado.
La única explicación a esta situación ya la dio de alguna manera el papa Francisco el año pasado, se trata de un régimen controlado por desequilibrados mentales, con una maldad sin límites y embebidas de un satanismo y prácticas esotéricas de la peor calaña.