El país ha carecido durante décadas de buenas regulaciones sobre construcciones en zonas vulnerables. Lo vimos en 2001 cuando el derrumbe ocurrido durante el terremoto del 13 de enero de aquel año destruyó la colonia Las Colinas en Santa Tecla y luego la mala calidad de las construcciones abonó el problema en la zona paracentral durante el segundo terremoto.
Las lluvias también muestran estas vulnerabilidades ya sea por las cárcavas, los derrumbes, las correntadas de agua y hasta el sistema de alcantarillado que hace rato necesita ser modernizado. Cada cierto tiempo encontramos una zona residencial construida sobre o a la orilla de una área altamente vulnerable.
En las últimas décadas se han autorizado construcciones bajo situaciones similares, se han destruido montañas, se han construido viviendas sobre rellenos demasiado endebles, se ha acabado con bosques provocando la deforestación que luego trae consigo esas correntadas durante las tormentas.
Hay que establecer regulaciones serias para las construcciones en zonas vulnerables, hacerse estudios de suelo, prevenir realmente los desastres que parecen evidentes para el futuro. Si no seguiremos viendo repetirse los casos ya mencionados en cada sismo o tormenta importante que nos afecta, con el consecuente costo en daños personales y materiales.