Desde 2001 que el entonces presidente George W. Bush extendió el TPS tras los terremotos de enero y febrero de ese año, los salvadoreños han construido sus vidas en Estados Unidos, han crecido a sus hijos -muchos nacidos en ese país- han comprado casas, han pagado impuestos, han sido ciudadanos ejemplares en la mayoría de los casos. Además, de que han contribuido enormemente a la economía estadounidense también han ayudado a la economía salvadoreña enviando remesas y apoyando a sus familiares, de manera permanente y responsable.
Durante estas más de dos décadas, los salvadoreños han vivido con la esperanza de un estatus legal permanente, porque el TPS, como su nombre lo indica, es temporal. Por eso el expresidente Donald Trump incluso lo canceló y la administración Biden ha rescindido esa cancelación, lo cual es positivo. Pero a su vez, hay que estar conscientes que ha sido solo “un alivio temporal”.
Biden, al igual que otros de sus antecesores, ofrecieron reformas migratorias integrales durante sus campañas electorales, pero luego el tema ha ido quedando en el olvido por razones electorales. Seguramente el tema seguirá quedando en el olvido porque se viene encima la campaña presidencial y la posibilidad de que Trump vuelva al poder con esa retórica racista y antiinmigrante que lo caracterizó en su primer periodo. De manera que el alivio temporal no es suficiente y la zozobra continuará.