Lamentablemente las fake news se han vuelto una moda asquerosa. No es el primer personaje público que “matan”. Hay hasta un reconocido italiano que presume de su especialidad de sembrar falsas noticias que ha llegado a divulgar por ejemplo, la muerte del Papa.
Este fenómeno no se limita al mundo del espectáculo ni a la muerte de personajes públicos, por desgracia. Las fake news han sido motivo de investigación profunda hasta en universidades de primer mundo y el Congreso estadounidense. Los mandamases de Twitter o Facebook han tenido que comparecer ante los congresistas o ante la Comisión Europea para explicar cómo controlar esta situación.
Las campañas electorales -y a propósito ya viene una- se han vuelto el caldo de cultivo de las fake news y algunas veces hasta dirigidas por granjas de troles en el exterior, como sucedió en las últimas elecciones estadounidenses. Pero sucede en diversas circunstancias de la vida y prácticamente se ha convertido en un asunto mundial.
Las fake news aprovechan las redes sociales donde cualquiera postea cualquier cosa y a sitios web que se hacen pasar como medios noticiosos para difundir sus mentiras. Por eso es clave que el lector sepa diferenciar a medios tradicionalmente serios como Diario El Mundo para afrontar esta situación y no caer en el primer rumor que escuche o lea y que en muchos casos traen intereses ocultos.