Recuperar la seguridad ciudadana no ha sido tarea fácil. El gobierno de El Salvador ha logrado disminuir notablemente los homicidios, las extorsiones y muchos delitos más y ha logrado desarticular el accionar de las pandillas que tanta tragedia dejaron al país en las últimas décadas.

Más de 70 mil pandilleros o sospechosos de serlo y sus colaboradores han sido arrestados desde que se implantó el régimen de excepción en marzo de 2022 y la tranquilidad ha vuelto a las calles y colonias donde antes estas bandas hacían y deshacían a su antojo, al grado que había zonas donde ni la Policía ingresaba debido a su alta peligrosidad.

Alcanzados estos logros es vital continuar los esfuerzos para consolidar la seguridad pública. Es importante que una vez desarticulada las pandillas, las autoridades se mantengan alertas para evitar que otros grupos criminales pretendan ocupar esos espacios y caigamos rehenes de otras bandas delincuenciales o de delitos particulares.

En los últimos meses, las estafas y los abusos sexuales, por ejemplo, han sido de los delitos más denunciados. Es fundamental que no se toleren ni estos ni otro tipo de delitos y que se combatan con la misma firmeza que a las pandillas.

También es esencial seguir luchando contra el tráfico de drogas en todas sus manifestaciones, desde el narcomenudeo hasta los grandes cargamentos que se atreven a pasar por el territorio nacional. El Salvador no ha alcanzado nunca la gravedad de países vecinos como Honduras, Guatemala o México en el tráfico de estupefacientes o en la operatividad de los cárteles de la droga y así debemos seguir. La seguridad es una tarea constante, prioritaria en la que no podemos retroceder.