El director general de Tránsito informaba el viernes que durante octubre hubo un incremento -en relación a octubre del 2022- del 79 por ciento de detenciones de conductores peligrosos, es decir en estado de ebriedad o bajo otras sustancias. La cifra es impresionante y refleja dos cosas: la conducta irresponsable de los 209 conductores detenidos y el mayor control que ejercen las autoridades al respecto.

También en la cifra anual hay un incremento notable en los arrestos, ya que entre enero y octubre de 2023 las autoridades registran la detención de 1,470 conductores peligros, 260 capturados que en el mismo periodo de 2022, es decir un aumento porcentual del 22 por ciento.

Toda la sociedad salvadoreña es víctima directa o indirecta de los conductores peligrosos que causan accidentes o que potencialmente pueden poner en peligro a otros conductores y peatones, además, de causar daños materiales.

Vale la pena aplaudir estos esfuerzos. Después de la seguridad pública, la seguridad vial debe ser una prioridad para las autoridades y en ese sentido hay que imponer orden en el sector transporte, ejerciendo un fuerte control sobre los documentos en regla de los motoristas y además, hacerlos exámenes periódicos antidoping porque ya sabemos los antecedentes.

Además, es urgente en ese sentido seguir endureciendo el control de los motociclistas que siguen manejando sin licencia en un porcentaje que llega a la mitad. Eso también es un riesgo enorme para la seguridad vial, para los propios motociclistas y para toda la sociedad.