Además de la popularidad de Bukele que muestran las encuestas, es notable el retroceso que han tenido los partidos tradicionales y otros institutos políticos que no aparecen siquiera en las encuestas. Además, el desconocimiento casi general hacia los otros cuatro candidatos presidenciales en la contienda.
Los partidos políticos de oposición escogieron a personas respetables como candidatos pero evidentemente desconocidos para la inmensa mayoría de la población. De manera que en el caso del FMLN y ARENA, por ejemplo, no es solo el lastre de los 30 años que gobernaron con los escándalos de corrupción de sus líderes, sino también que carecen de los líderes de antaño.
La oposición también ha sido huérfana de propuestas y se ha centrado en criticar el régimen de excepción, precisamente uno de los temas de mayor apoyo que tiene el mandatario. Sin embargo, no se ha escuchado casi nada de sus ofertas en el ámbito económico, por ejemplo, la principal preocupación de los salvadoreños.
Parece una elección ya bastante definida pero no por eso significa que será un periodo fácil. El próximo periodo presidencial debe consolidar la seguridad pública y lograr una recuperación económica sostenible que nos saque del ciclo de bajo crecimiento y escasa inversión. Son desafíos duros pero alcanzables con inteligencia y trabajo tesonero.