La oportuna reflexión del diputado de ARENA al Parlacen, David Reyes sobre la propia existencia del partido al que ha pertenecido por décadas, debería ser el inicio de un planteamiento serio de toda la clase política que gobernó El Salvador los últimos 30 años. Por supuesto eso va primordialmente para ARENA y el FMLN, pero también para partidos como el PCN o PDC, los más antiguos del país y apenas representados en la Asamblea Legislativa.

ARENA y FMLN son el pasado. Sus líderes necesitan replantearse seriamente si les queda algo de futuro. Si como dice David Reyes, “lo más sensato que se debería de analizar es cerrar el partido y pensar en un movimiento completamente diferente con otra marca, con otra visión, que esté más acorde al período actual”.

Eso fue lo que sucedió en España, por ejemplo, tras la transición del franquismo a la democracia. La derecha franquista perdió su razón de ser. Las nuevas generaciones de la derecha española tuvieron que refundarse no solo como marca, sino como visión, como objetivos y planteamientos. En el caso de ARENA, su anticomunismo es retrógrado y sus matices liberales a ratos y conservadores en otros momentos la convierten en una contradicción permanente en si misma.

Y el FMLN no puede seguir siendo un partido comunista obsoleto que llora por la dictadura cubana y defiende a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Eso es absurdo, incoherente con sus reclamos políticos en El Salvador. Por eso tampoco tienen futuro. El problema del FMLN es que no hay intelectuales porque los expulsaron y entonces es imposible rescatar ese partido.

Hay que tener claro que el FMLN y ARENA están más cerca de la tumba que de la gloria. Son historia y deben reflexionar a fondo sobre eso.