Lo más importante es que usted como ciudadano decida con sensatez, con criterio propio, con cerebro, alejado de emociones que le ha despertado la propaganda electoral o las redes sociales. Votar por emoción, por impulso, no es suficiente. Hay que analizar el momento que vive El Salvador y pensar qué es lo más conveniente para usted, para su familia, para su entorno y para el país entero. Y entonces tome una decisión, lo más libre de influencias posible.
Analice qué han hecho los aspirantes a la silla presidencial, la gente que los rodea, qué planes tienen, su nivel de compromiso con la gobernabilidad del país, la democracia, la economía. ¿Quién representa un mejor futuro para sus hijos? Piense qué candidato puede unir al país y pregúntese qué país quiere en los próximos cinco años. Piense en lo avanzado y piense en lo que está pendiente y por supuesto, no deje de recordar el registro que han dejado en la historia reciente algunos de los partidos de los aspirantes.
Los próximos cinco años serán difíciles, no serán fáciles. El país todavía sufre las consecuencias dejadas por la inseguridad y el despilfarro. El próximo periodo debe servifr para reunificar a la familia salvadoreña, preservar los avances en la seguridad, pero también luchar duramente por alcanzar la prosperidad y terminar los largos ciclos de bajo crecimiento y crisis económica de las últimas décadas.