El Estadio Jorge “Mágico” González se llenó de color, de luz, de entusiasmo, de rostros juveniles que buscan la gloria deportiva y el aplauso merecido del público. Han llegado más de cinco mil atletas de una treintena de países y su presencia ilumina nuestros escenario deportivos y nuestras calles.

En su intervención el presidente Nayib Bukele agradeció a los asistentes y a los trabajadores por el esfuerzo realizado para tener listos los escenarios deportivos. “Tuvimos que superar toda clase de dificultades, hasta el clima. Miles de personas dedicaron su energía para que saliera bien”, afirmó el mandatario. Y es cierto, El Salvador ha mostrado que pese a sus modestos recursos y limitaciones, es capaz de organizar eventos de esta magnitud por tercera vez en su historia.

Por décadas El Salvador ha sido sinónimo de violencia, de guerra civil, de horribles masacres, de pandillas despiadadas, de exilio y éxodo de sus jóvenes. Por eso entusiasma, anima y conforta ver otro rostro de El Salvador y es justo, digno y correcto reconocerlo.

El éxito de este evento deportivo es un éxito de todos los salvadoreños y así lo debemos ver. No es la cosecha política de nadie, es el triunfo de nuestra historia de trabajo y sacrificio. Mostrar nuestra mejor cara es mostrar los frutos de nuestras capacidades.

Los atletas y visitantes deben llevarse la mejor imagen posible de El Salvador y los salvadoreños y sí, tenemos muchos problemas que resolver, tenemos muchas luchas que continuar, mucho que cambiar y mejorar, pero esa noche brillante del viernes fue una muestra de que se puede trabajar duro para conseguir nuestros objetivos.