La movilización, convocada por el chavismo, se dirigió hacia la sede de la Asamblea Nacional (AN), donde Damelis Vegas exigió justicia por su hijo, Rafael Martínez Vegas, de 31 años, quien asegura está "injustamente secuestrado". La última vez que tuvo noticias de él fue el 15 de marzo, cuando la llamó para avisarle que abordaría un vuelo desde Texas hacia Venezuela.
"Fuimos engañados. Presidente Bukele, usted que dice ser cristiano, por favor, tenga piedad y misericordia de nosotras, las madres", imploró Vegas, mientras en la protesta se sostenían pancartas con los nombres de algunos de los migrantes deportados, acompañadas de lemas como "justicia", "libertad" e "inocente".
Entre los carteles, uno destacaba que "238 migrantes valientes, no delincuentes", mientras otro mensaje aclaraba que "migrar y tener tatuajes no es un delito". En la tarima cercana a la AN, variados funcionarios chavistas, incluido el primer vicepresidente del Legislativo, Pedro Infante, denunciaron las acciones del Gobierno de Bukele y exhortaron a mantenerse en movilización.
Infante afirmó que el Gobierno salvadoreño "debe demostrar qué crimen cometieron" los migrantes, describiendo la situación como "una de las más crueles maldades" contra el pueblo venezolano. También indicó que el Gobierno de Nicolás Maduro había solicitado un hábeas corpus en El Salvador para estos ciudadanos.
El vicecanciller para América Latina, Rander Peña, prometió que "volverán sanos y salvos" a Venezuela, repudiando los arrestos como acciones que van en contra no solo de Venezuela, sino de la humanidad en su conjunto.
El presidente Nicolás Maduro, quien inició su tercer mandato tras una controvertida reelección, dio la bienvenida a la "gran marcha" en Caracas y destacó que se llevaron a cabo "movilizaciones y actos de solidaridad" en "más de 100 ciudades del mundo".
Maduro pidió al secretario general de la ONU, António Guterres, y al alto comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, que intercedieran por los migrantes deportados.