Los ojos de don José no solo están cansados por sus largos 70 años de vida, también de llorar a su hija Mirna y su nieta Jackeline, ambos murieron en manos del expolicía Hugo Ernesto Osorio Chávez, quien este viernes fue encontrado culpable de ambos feminicidios.

El anciano fue llevado al juzgado, en calidad de víctima, cerca de las 11:00 de la mañana, la hora que las autoridades habían agendado para dar el fallo.

Al Juzgado Especializado para una Vida Libre de Violencia de Santa Ana también llegaron periodistas de tres periódicos del país y una televisora, pero por la reserva judicial que gozan los casos relacionados a la ley especializada, ninguno pudo entrar al fallo; tampoco pudieron escuchar el juicio que empezó el pasado miércoles y terminó ayer.

“Hoy van a juzgar al de Chalchuapa”, eran los pocos comentarios de algunas mujeres que trabajan en los alrededores del juzgado. Nadie más resaltó la diligencia que hace más de un año conmocionó al país entero.

Una hora y 20 minutos habían pasado desde la llegada de don José, cuando su figura delgada se asomó en la salida del juzgado. A preguntas de la prensa, respondió conciso sobre el fallo: “Vine a la sentencia de Hugo, le dieron 35 años por mi hija y 35 años por nieta”.

Mientras caminaba y subía al vehículo que lo regresaría a su hogar añadió entre lágrimas: “Eso no sana la herida, porque fueron mis hijas”, en referencia a la condena.



Además de la condena de 70 años de cárcel para el exagente de la Policía Nacional Civil, Hugo Osorio, el juzgado también ordenó medidas de reparación para don José y su familia, para que sean ejecutadas a través del Consejo Nacional de Atención Integral a los Programas de los Adultos Mayores.

Mirna y Jackeline fueron dos de las víctimas de Osorio, en la casa del expolicía también se encontró el cuerpo de otro hijo de Mirna, quien había sido asesinado días antes y el hallazgo de sus cuerpos, permitió encontrar a 12 personas más, en tumbas clandestinas, que en octubre pasado fueron identificadas y entregadas a sus familiares.

Todo el caso fue conocido como la masacre de Chalchuapa y las autoridades de Gobierno catalogaron a Osorio como “psicópata”.

Aún falta que se juzgue el proceso por el resto de víctimas, pero en ese, Osorio figura como testigo con criterio de oportunidad, situación que causó indignación en la población salvadoreña.