El calor es insoportable a tal punto que cada día es más cálido. El clima se ha distorsionado y llueve repentinamente en cualquier en cualquier hora o lugar. Una tormenta por corta que sea produce severas inundaciones, derrumbes y todo tipo de desastres naturales en perjuicio de la vida humana y animal. Es común escuchar decir a la gente que “el clima está loco”.

Las condiciones del clima han cambiado por obra y gracia de la misma población que en las últimas décadas no ha sabido cuidar el medio ambiente y que se ha industrializado sin tomar en cuenta el ecosistema, produciendo con ello el efecto invernadero que tanto daño le causa a la vida.

Las grandes potencias han crecido en la escena industrial y han descuidado su medio ambiente y los países tercermundistas han crecido en pobreza y población, sin que sus gobiernos tengan objetivos definidos y consecuentes para proteger y darle sostenibilidad al medio ambiente que es lo que condiciona el clima de una región.

Desde 1992, cada 26 de marzo, por mandato de la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) se conmemora el Día Mundial del Clima. La finalidad es que la población y los Estados adquieran conciencia y sensibilidad sobre la importancia e influencia del clima y el impacto (negativo) del cambio climático en la vida del ser humano (y en toda forma de vida) a escala mundial.

La ONU busca que cada nación introduzca el cambio climático como política primordial y estrategia de país, extensivo a la empresa privada y a la sociedad civil. Todo lo cual tiene que traducirse en acciones que protejan el medio ambiente y minimicen su daño por efectos del desarrollo humano. Al final se busca crear conciencia y sensibilización en la población para preservar las condiciones climáticas.

El gran problema mundial surge cuando las principales naciones industrializadas tienen dirigentes que ven en su mínima expresión las consecuencias negativas del cambio climático condicionado por las afectaciones al clima y al medio ambiente. En este caso Estados Unidos, China y Rusia, cuyos dirigentes no visualizan el cambio climático como factor incidente en la cotidianidad y urgencia de sus pueblos. Recordemos que Donald Trump, el 20 de enero pasado, apenas haber asumido la presidencia de Estados Unidos comenzó a desmantelar la política ambiental, climática y energética de la era Joe Biden. Una decisión de Trump fue sacar a su país del Acuerdo de París el cual fue firmado por 196 países con vigencia desde el 4 de noviembre de 2016 cuyo objetivo es que los países se comprometen a través de sus gobernantes a reducir el calentamiento global a través de políticas ecológicas.

En tanto China, que es el principal emisor de gases de efecto invernadero no hace lo suficiente por evitar esa situación, aunque hoy está comprometida a tomar medidas protectores y reduccionistas porque su agricultura ya sufre las consecuencias negativas lo cual se traduce en deterioro alimenticio para los más de mil millones de ciudadanos chinos. Por su parte Rusia reconoce las afectaciones negativas del daño climatológics y se comprometió aadoptar políticas que reduzcan los niveles de contaminación, pero su producción de gases con efecto invernadero siguen en aumento. Rusia y China son más retórica que acciones.

Estas tres grandes naciones aportan menos acciones protectoras del clima y el cambio climático en relación a la contaminación que generan, lo que luego se visualiza en distorsión del clima y en desastres naturales con graves repercusiones en la humanidad.

Los países como el nuestro no se quedan atrás. El Salvador no cuentan con una política transversal de protección y fomento del medio ambiente, mucho menos con una política que abone a la estabilidad climática. A nivel de Centro América no hay un acuerdo de cooperación y esfuerzo entre naciones para impulsar juntos acciones medioambientales y si lo hay no es conocido ni ejecutado.

El Salvador ha crecido en población en las últimas décadas y eso significa crecer en urbanismo, lo cual es parte del proceso de desarrollo social, lo malo es que cada vez hay menos tierra fértil cultivable, producimos más bióxido de carbono, disminuyen los bosques, surgen más zonas vulnerables, y en general estamos más expuestos a las secuelas de las sequías, los temporales y las olas de calor y frío que se generan a miles de kilómetros de distancia.

El crecimiento urbanístico, al igual que la industrialización, debe hacerse con mucha responsabilidad y bajo reglas y normativas claras de protección ambiental y climática. Los gobiernos y ahora las municipalidades con gusto regulan los impuestos, pero no armonizan el cuidado ambiental. Cobran por la destrucción de una finca o terreno cultivable, pero no obligan a alternativas ecológicas, de esa manera el calor, la escasez de agua, la falta de alimentos del agro y los desastres naturales están a la vuelta de la esquina.

Debe impulsarse las campañas de reforestación, el cuido de áreas protegidas y toda acción que favorezca el medio ambiente y el clima. La educación ambiental debe ser un factor transversal y el cuerpo de leyes debe priorizar el cuido y el fomento del clima.

Hasta la década de los 80 Santa Tecla era una ciudad de clima fresco, aun al mediodía, ahora es un horno, al igual que muchas otras ciudades que perdieron su frescura por culpa del desorden del clima... generado a su vez por culpa de la falta de conciencia en el desarrollo social.