Los seres humanos hemos sido creados por un Ser Supremo y Divino, para vivir y disfrutar responsablemente nuestra existencia aquí en la Tierra; sean los años que sean. El hombre y la mujer deben esforzarse por articular una vida lo mas equilibrada posible(teniendo claro que ninguno somos perfectos) en el área personal, sentimental, familiar, económica, social, de salud y demás extensiones donde se desenvuelven.

Independientemente de la religión, estatus socioeconómico o nacionalidad, existe un denominador común(exceptuando ciertas ideologías religiosas extremistas, opuestas a los valores y moral universal, contrarias a la lógica humana y Designio Divino) que es el hecho que “Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer, la vocación y por consiguiente la capacidad y responsabilidad del amor y de la comunión ”(según el Catecismo de la Iglesia Católica en su apartado numero 2331). Este pilar integro va acompañado de la afirmación que ese Ser Divino(quien se llama Dios, en la religión católica, Omnipotente y Omnipresente) creo varón y hembra(hombre y mujer) y los bendijo en el momento de su creación.



Tanto los hombres como las mujeres crecemos, desarrollamos, vivimos y morimos. Sin embargo, hay un elemento esencial, que nosotras las mujeres tenemos que cuidar y poner en practica día tras día; el cual se nos inculca desde que tenemos muy corta edad: cuidarnos a nosotras mismas, cuidar y amar nuestro cuerpo, no tomando decisiones a la ligera, por impulso, por puro sentimiento o porque un hombre, novio o futuro esposo nos quiera convencer de experimentar el supuesto amor; a través de la relación sexual. Toda espera tiene su recompensa, el amor sano y verdadero no es desesperado ni probado, la obediencia también es decencia y no debe tener carencias.

Uno de los sueños de la mayoría de las mujeres es el matrimonio: seno de la familia. El sexo femenino somos un regalo de Dios, Quien nos dio la vida, la cual tenemos que proteger y cultivar de manera sana. El hermoso objetivo de casarse y multiplicar el amor(por decisión propia), necesita de no adelantar etapas de la vida. Cuando una mujer mantiene su virginidad hasta el día de su casamiento, cuando consuma el matrimonio, instaurando ese vinculo perfecto: el amor; las 2 personas que se vuelven uno solo, se deleitan en su afecto el uno por el otro, bajo un sentimiento que supo esperar y obedecer, sabiendo sobrellevar los problemas de la vida y encontrar en la mayoría de lo posible, en solventarlos.

Así mismo, en una publicación digital del Vaticano, sobre el numeral 2332 del Catecismo Católico, “la sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y alma. Concierne a la afectividad, capacidad de amar y procrear” e incluso llama al sexo masculino también a vivir la castidad antes del matrimonio, “que entraña la integridad de la persona y totalidad del don”.

La mujer, quien tiene esa sensibilidad, es detallista, empática y luchadora, es importante que ubique la virtud de la castidad, por encima de los “apetitos de la sensibilidad humana”(como se refiere el Catecismo). Partiendo de la explicación del religioso católico, el respetado y eminencia Padre Jorge Loring(quien ya falleció) “ el casarse con una mujer pura, tiene para el hombre una ilusión especial. El matrimonio después de una conducta respetuosa y pura en el noviazgo, tendrá mas amor, tranquilidad y será mas fuerte”; es decir, que tendrá menos posibilidades que diluirse por así decirlo.

Mujeres, nuestros sueños con esfuerzo, paciencia y fe se cumplirán; pero no queramos anticiparnos en nuestras sendas, marchemos según la etapa adecuada; porque todo será para bien de nosotras mismas. Por ende, podemos declarar con toda seguridad que la virginidad es un precioso símbolo del mismo amor y obediencia a Dios.