No es una coincidencia estacional ni una percepción urbana: cuando el termómetro sube, la sangre se calienta. Como experto en la psique criminal, neurocrimologia y perfilación criminal observo con preocupación cómo las olas de calor no solo afectan los cultivos, sino que también actúan como catalizadores de la violencia letal. La relación entre el clima y el crimen no es nueva, pero la evidencia actual nos obliga a mirar más allá del sol y enfocarnos en las grietas de nuestra estructura social. Al efectuar la proyección prospectiva de la posible tasa de violencia homicida El Salvador 2026 es evidente y relevante como marzo en nuestros indicadores de homicidios presenta un incremento con relación a otros meses. Por lo anterior considero importante desarrollar una aproximación a los posibles factores desde una perspectiva criminológica
El cuerpo bajo presión: La hipótesis del calor
Desde una perspectiva biopsicosocial, el incremento de la temperatura genera una respuesta fisiológica innegable. La hipótesis de la agresión-calor sugiere que las altas temperaturas aumentan la irritabilidad y el malestar físico, reduciendo el umbral de tolerancia al conflicto. El calor extremo eleva la frecuencia cardíaca y los niveles de testosterona, creando un estado de «preactivación» donde cualquier roce irrelevante en el transporte público, en el tráfico vehicular, una disputa vecinal por un parqueo, por mascotas, por música a volumen alto en la comunidad, entre otros, escala rápidamente hacia un acto de violencia que se traduce en lesiones o en homicidio.
Rutinas de riesgo y oportunidades
Para entender este fenómeno, debemos invocar la Teoría de las Actividades Rutinarias de Cohen y Felson. El clima altera el comportamiento humano: la gente abandona el aislamiento del hogar y converge en espacios públicos. Esta mayor interacción social incrementa la probabilidad de que coincidan tres elementos críticos: un agresor motivado, una víctima propicia y la ausencia de un guardián eficaz. El verano, con sus días más largos y el consumo de alcohol al aire libre, expande la ventana de oportunidad para el delito.
El efecto «olla de presión» en zonas excluidas y con limitantes
Debo de establecer, que el calor no golpea a todos por igual. Aquí es donde la Teoría del Mapa de la Tensión (General Strain Theory) de Robert Agnew cobra una relevancia contundente. En las zonas marginadas, el calor no es un inconveniente; es un agresor ambiental constante. La pobreza no solo es falta de recursos o limitación de oportunidades es la exposición desproporcionada a los estresores ambientales sin mecanismos de mitigación.
En contextos de exclusión, el hacinamiento habitacional transforma las viviendas en hornos inhabitables. Sin acceso a aire acondicionado, áreas verdes o infraestructuras de enfriamiento, los residentes se ven obligados a ocupar la calle de forma masiva. En estos «islotes de calor urbano», como muchos complejos habitaciones en el gran San Salvador y las principales ciudades del interior del país, la precariedad habitacional actúa como una olla de presión. El estrés térmico se suma a la frustración económica y la falta de movilidad social, creando un entorno donde la violencia se percibe como una válvula de escape ante una tensión insoportable.
Criminología ambiental y Justicia
La evidencia es clara: la desigualdad térmica es una forma de injusticia criminal. El aumento de homicidios en épocas de calor es el síntoma de un urbanismo excluyente. Si queremos bajar los índices de criminalidad durante el verano, no solo necesitamos la presencia y el gran trabajo de prevención de nuestra Policía; necesitamos políticas de «Criminología Ambiental» que transformen el entorno. Reducir el hacinamiento, reforestar masivamente las zonas grises y garantizar el acceso a servicios básicos son, en última instancia, herramientas de prevención del delito tan efectivas como una sentencia judicial. Mientras el clima siga siendo un privilegio, el calor seguirá siendo un cómplice de la tragedia y seguirá incrementando las cifras en los delitos de homicidios, feminicidios, robos, hurtos, lesiones, agresiones sexuales. El Estado salvadoreño debe de abordar con responsabilidad la situación habitacional, desde el diseño donde se introduzcan principios de prevención criminológica con énfasis en lo ambiental para que a mediano y largo plazo podamos revertir las estadísticas delictivas criminales. Las Cámaras, Asociaciones, Gremiales de construcción en El Salvador deben de tomar en cuenta los criterios de la criminología ambiental desde sus diseños y planos, y sin duda una reforma en las regulaciones para autorizar los proyectos desde las Instituciones del Estado para aprobar dichos proyectos. ¿Cuántos criminólogos trabajan en empresas constructoras en El Salvador?
*Por Ricardo Sosa /Doctor en Criminología / Doctorante en Justicia Criminal /@jricardososa
