ARENA aún no parece superar el trauma de ser oposición política. Desde 2009, el partido tricolor se ha dividido, expulsado a dos de sus expresidentes, ha tenido dos episodios de transfuguismo y ahora se enfrenta a unas elecciones que ha provocado una especie de guerra de baja intensidad entre los aspirantes.

ARENA debe entender que para poder convertirse en opción de poder, debe hacer propuestas constructivas de nación. Debe hacer una introspección sobre su proceder y analizar cómo es que todas las encuestas desaprueban mayoritariamente al gobierno del FMLN, pero los tricolores siguen sin crecer en las preferencias.

Los areneros no parecen tener una dirección política coherente y constante. Por el contrario, han caído en el negativismo opositor que caracterizó al FMLN cuando los areneros eran poder y bloquean casi toda iniciativa oficialista.

A lo interno, tanto en el 2009 como en 2014, no tuvieron un candidato que los hubiera cohesionado o un liderazgo que unifique las diferentes corrientes, por el contrario, parece haber un afán interno autodestructivo, para figurar y alcanzar posiciones de poder, sin pensar en la estrategia o la visión.

El desafío principal de ARENA para estas elecciones internas es precisamente ese, cohesionarse y enfocarse a ser alternativa política.