Morales ya está en su tercer periodo presidencial, que vence en 2019, pero parece que no le basta quedarse 13 años en el mando, pretendía otros cinco más, una conducta que ya hemos visto en la Venezuela de Chávez y Maduro, en la Nicaragua de Ortega, en la Argentina de los Kirchner o en el Ecuador de Correa.
En en fondo es el dilema del absolutismo totalitario de izquierda que utiliza los medios que le da la democracia para luego perpetuarse en el poder, anular a los opositores y las voces críticas y mantenerse en el Gobierno a como dé lugar.
Como bien dijo el expresidente boliviano, Carlos Mesa: “el triunfo del No retrata la conciencia de un país que sabe que el respeto a la Constitución limita el poder absoluto de los gobernantes”.
Por supuesto, Morales se ha hecho una constitución a la medida, como Chávez o Correa, pero no les bastó con eso.
Como en Venezuela, los ciudadanos despertaron y buscan una alternabilidad en el poder, corregir el rumbo y rescatar su democracia, algo que muy probablemente veamos repetirse en otros países gobernados por esa corriente.