Aunque hay que reconocer avances en seguridad en los últimos dos meses, después de la estremecedora masacre de Opico, El Salvador sigue teniendo ese estigma terrible de ser un icono mundial de la violencia y los asesinatos, con pandillas que extorsionan a su antojo y que hasta hace un par de meses controlaban las prisiones como que fueran sus cuarteles generales. Ahí se empieza a vislumbrar alguna esperanza de mejoría pero aún hay enormes retos que enfrentar.
La crisis fiscal, la dramática falta de inversión, el enorme endeudamiento estatal, el crecimiento mínimo de la economía, son asuntos sumamente preocupantes para el país. El clima de negocios y la relación con la empresa privada son temas pendientes por mejorar. El Gobierno no puede seguir teniendo un discurso ambiguo en el que da la mano para entendimiento y confronta con la otra. Solo la inversión de la empresa privada nacional y extranjera permitirá el crecimiento de nuestra economía.
El diálogo y el entendimiento deben ser la bandera que rija los próximos tres años, solo de esa manera habrá esperanza de alcanzar metas.