El campanazo de alerta que ha dado ACNUR sobre el creciente número de salvadoreños que huyen de la violencia en el país, es una muestra más de los alcances terribles de la criminalidad sobre la ciudadanía.

Según ACNUR, los salvadoreños -también hondureños y guatemaltecos- están pidiendo asilo en México, Nicaragua, Belice, Costa Rica y Panamá, además de Estados Unidos. Todos buscan refugio y vivir en paz, tras sufrir el evidente acoso de las pandillas. ACNUR habla de un incremento del 65 % en el último año.

Es comprensible que la gente quiera huir de El Salvador cuando sufrimos la mayor tasa de homicidios del mundo, sufrimos extorsiones imparables y el acoso permanente de los delincuentes en nuestros vecindarios, calles, escuelas y transporte colectivo.

Hace poco ya se presentó la emergencia por el éxodo de niños y mujeres en la frontera sur de Estados Unidos, pero ante las mayores restricciones migratorias de ese país, los salvadoreños más necesitados buscan huir a otros destinos. Tristemente no son los únicos, salvadoreños con mejor situación económica, migran y no son etiquetados como “refugiados”, aunque en el fondo sí lo son. Antes los salvadoreños huían de la guerra y la persecución política, ahora por la criminalidad de las pandillas.