Almagro aprovechó para elogiar a la Corte Suprema de Justicia, por el papel activo de la Sección de Probidad, algo que es digno de reconocerse en medio de la habitual impunidad, inactividad y pasividad del resto de las instituciones que ven pasar las irregularidades de manera casi cómplice. También pidió fortalecer la Corte Suprema, como cuerpo independiente e imparcial, no como apéndice de ningún partido.
Los hechos nos han demostrado que la corrupción no es exclusividad de un grupo político o de un individuo y eso debe preocuparnos más. Cuando todos los estratos de la sociedad han sido permeados por este mal, es necesario hacer un alto en el camino y corregir. Y eso solo se logra fortaleciendo la institucionalidad con funcionarios probos y valientes, sin ataduras ni compromisos personales o partidarios.
Como dijo Almagro, no hay fórmulas únicas, pero “sí tiene que haber algo a nivel nacional que conjunte esfuerzos”. Y ese esfuerzo pasa por rechazar la corrupción, venga de dónde venga.