Ahora existe una probabilidad real de que el hombre que ha amenazado con deportar 11 millones de indocumentados, limitar la libertad de prensa, aplicar torturas y matar a las familias enteras de los terroristas, así como desatar guerras comerciales y abandonar las Naciones Unidas, sea el próximo presidente de la primera potencia económica y militar del mundo. Preocupante.
El problema es que Trump refleja una parte del pensamiento autosuficiente y soberbio en la sociedad norteamericana y también ese espíritu de superficialidad que caracteriza a gran parte de los estadounidenses, que consumen política como cualquier otro producto a la venta.
El gobierno mexicano ya analiza una estrategia en caso que Trump gane en noviembre. Sería bueno que El Salvador hiciera lo mismo.