Los estadounidenses y en particular los republicanos parecen estar dando un giro para apoyar a un personaje que parece sacado de una caricatura, cargado de insultos a sus adversarios, comentarios xenofóbicos y amenazas a la comunidad internacional. Algunos han llegado a comparar a Donald Trump con Adolfo Hitler, por lo incendiario de su lenguaje racista y confrontativo.

Los sucesivos triunfos de Trump han generado preocupación en los propios republicanos y en la intelectualidad estadounidense y mundial.

Trump ha dicho que aplicará torturas a los sospechosos de terrorismo, que va a asesinar a las familias de terroristas, ha pedido limitar la libertad de prensa, amenaza con enormes aranceles a los productos chinos y en deportar a los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos, entre otros ofrecimientos.

Su lenguaje da giros inesperados. A ratos sus insultos evocan una especie de Chávez norteamericano, por el lenguaje que ha utilizado contra los mexicanos - o a los hispanos en general- y contra los musulmanes. Además se ha negado a rechazar el respaldo recibido por la banda racista del Ku Kux Klan. Para Estados Unidos y para el mundo, la sola consolidación de Trump como candidato republicano es ya un desastre, como eventual mandatario sería una catástrofe y la pérdida de su liderazgo.