Corrupción generalizada e impunidad. Estos dos males denunciados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en su informe anual de Derechos Humanos, constituyen la raíz de muchos de los enormes problemas que tenemos en El Salvador.
El informe es duro para El Salvador, lamentablemente llevamos años leyendo esas denuncias de parte del gobierno estadounidense, pasan gobiernos y partidos, y muy poco hemos corregido en este sentido.
La corrupción se ha generalizado y a diario vemos denuncias de todo el espectro político. Salvo la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, a la que le pretendieron quitar facultades y aún hoy existen magistrados que dificultan su trabajo; el combate a la corrupción es más una manifestación de buenas intenciones que una acción concreta. Ni la Fiscalía ni la Corte de Cuentas han hecho ningún proceso ejemplar al respecto y de ahí que fomentan la impunidad y que estos casos sigan repitiéndose.
Los demás señalamientos los conocemos: la debilidad de la justicia y las fuerzas de seguridad, un elevado nivel de impunidad, una estrategia de seguridad pública ineficiente, el hacinamiento en las cárceles, etc., etc.
Hay tanto que corregir y urge hacerlo.