El régimen cubano sigue tal cual, sin renovación, sin apertura. La vieja guardia, la gerontocracia, sigue al mando. El dictador-patriarca Fidel Castro, habla de su declive físico a sus casi 90 años y Raúl Castro, su “hermanito” de 84, se receta cinco años más como gobernante. Es decir, los dos hermanitos suman 174 años. Esos fueron los grandes cambios.

Los partidos comunistas son tradicionalmente así, sin renovación, sin relevos, hasta que el gobernante vitalicio sucumbe a la muerte, entonces el buró político busca el relevo. Ellos no admiten recambios generacionales y mucho menos alternabilidad de otras opciones políticas en el poder.

El segundo de Raúl Castro es un contemporáneo suyo, de manera que de manera formal y real, un trío de hombres octogenarios, que han gobernado la isla por más de 57 años, seguirán en sus cargos hasta que Dios sepa.

El papa Juan Pablo II, en su histórica visita a la isla, llamó al mundo a abrirse a Cuba y a Cuba a abrirse al mundo, pero hasta ahora solo ha sucedido lo primero. Estados Unidos ha abierto la normalización de relaciones, apostándole a una progresiva apertura democrática, pero el régimen parece empecinado en mantener su cerrazón y mantiene el clima de represión hacia los disidentes de la isla.