La presidenta brasileña Dilma Rousseff fue suspendida de su cargo por seis meses para enfrentar un juicio político por alterar las cuentas públicas para equilibrar los balances presupuestarios de un año para otro a base de pedir dinero a grandes bancos públicos. En otras palabras, por haber maquillado la realidad fiscal del país, en medio de su campaña electoral en la que resultó reelecta.

Rousseff ha llevado a Brasil a la recesión más grave de los últimos tres decenios y su partido, el Partido de los Trabajadores, ha estado involucrado en una serie de actos de corrupción en las que el foco es su padrino político y predecesor, el expresidente Lula da Silva.

La mandataria lleva tres años enfrentando las mayores protestas de la historia del país, pero en 2014 ganó por una diferencia de solo tres puntos. El último año ha sufrido el abandono de sus aliados políticos y una popularidad de solo el 10 %, que habla del desplome de su figura.

Es muy probable que Dilma Rousseff no vuelva al poder y con ella se interrumpe el proyecto político del PT y el deseo de Lula de volver a gobernar Brasil. Otro icono de la izquierda latinoamericana que se derrumba en medio de escándalos de corrupción. El vicepresidente Michel Temer tiene muchos desafíos por delante, queda esperar qué camino emprende.