La semana pasada fueron los cañeros. La anterior fue el Agua Cristal y una distribuidora eléctrica. Antes fueron los cafetaleros, los comerciantes, los industriales y los constructores. Prácticamente todos los sectores económicos del país, grande, mediana, pequeña y microempresa, están sufriendo gravemente los embates de la criminalidad en nuestra pequeña nación.

Las pérdidas económicas son enormes, las pérdidas en vidas humanas, invaluables. Así como los ciudadanos sufrimos a diario los embates de la criminalidad, a las empresas les pasa lo mismo, con el agravante que, como generadoras de empleo y de impuestos, afectan la macroeconomía del país.

El Salvador no podrá salir de la crisis económica y fiscal que sufrimos sin solucionar seriamente la crisis de inseguridad y violencia. No puede ser que una empresa de las dimensiones de Agua Cristal, de inversionistas extranjeros, necesite soldados alrededor para poder operar; que una distribuidora eléctrica vea asesinados a ocho empleados por colocar postes de luz o que los cañeros pierdan $40 millones por los actos delictivos de las pandillas.

El país entero está extorsionado, acosado y hostigado por las pandillas. Tenemos que rescatarlo todos juntos, sin cálculos electorales ni mezquindades. Es la hora de actuar.