Las pérdidas económicas son enormes, las pérdidas en vidas humanas, invaluables. Así como los ciudadanos sufrimos a diario los embates de la criminalidad, a las empresas les pasa lo mismo, con el agravante que, como generadoras de empleo y de impuestos, afectan la macroeconomía del país.
El Salvador no podrá salir de la crisis económica y fiscal que sufrimos sin solucionar seriamente la crisis de inseguridad y violencia. No puede ser que una empresa de las dimensiones de Agua Cristal, de inversionistas extranjeros, necesite soldados alrededor para poder operar; que una distribuidora eléctrica vea asesinados a ocho empleados por colocar postes de luz o que los cañeros pierdan $40 millones por los actos delictivos de las pandillas.
El país entero está extorsionado, acosado y hostigado por las pandillas. Tenemos que rescatarlo todos juntos, sin cálculos electorales ni mezquindades. Es la hora de actuar.