Esta semana se divulgaron varios sondeos que reflejan que la elección presidencial de noviembre en los Estados Unidos será más reñida de lo que se preveía inicialmente. La exsecretaria de Estado, Hillary Clinton y el magnate inmobiliario de discurso xenofóbico, Donald Trump, están virtualmente empatados en todas las encuestas recientes.

Pero hay otro hallazgo importante que refleja el desgaste de los candidatos en Estados Unidos: la impopularidad que sufren tanto Trump como

Clinton es histórica, no vista entre anteriores aspirantes a la Casa Blanca, según la encuesta de ABC y The Washington Post y que reafirma lo apuntado en mediciones previas.

Casi seis de cada diez votantes aseguran tener una impresión negativa de Trump y Clinton, que empatan con un 57 % de desaprobación en ese sondeo. Muchos estadounidenses se preguntan si vale la pena ir a votar.

Tanto Clinton, envuelta en una serie de escándalos en su carrera política, como Trump, de discurso altisonante, políticamente incorrecto y cargado de contradicciones, no traen esperanza alguna al estadounidense común y mucho menos la abren a países como el nuestro para que la relación traiga resultados mejores que los actuales. La incertidumbre hacia lo que pase en Estados Unidos es para preocuparse.