Hablar del fantasma de un golpe de Estado que solo existe en la paranoia política de estos dirigentes es un comentario retrógrado y absurdo. Comparar la CICIG guatemalteca con un golpe de Estado nos habla de la confusa dimensión que tienen sobre el combate a la corrupción y el doble discurso en cuanto a la transparencia.
Este tipo de discursos provoca que los llamados al diálogo y al entendimiendo caigan en saco roto y azuzen las posiciones escépticas e incrédulas de sus adversarios. Son discursos que generan ambigüedades que profundizan la división y la polarización política.
Por lo pronto, después de ese discurso incendiario ya los medios de comunicación sufrieron agresiones ante la vista y paciencia de agentes policiales que tienen “órdenes” de no intervenir ante el vandalismo de los manifestantes oficialistas. Ese es el primer resultado evidente.