El otro candidato, Pedro Pablo Kuczynski, un veterano economista, parece atascado en su falta de carisma, pese a que ha aglutinado en torno suyo a todo el antifujimorismo y hasta la izquierda prochavista.
Fujimori promete mejorar la seguridad pública, deteriorada en los últimos años, ordenar el país y mejorar la economía. Muchos ven en la candidata el resurgimiento de los elementos positivos del gobierno de su padre, Alberto Fujimori, que recuperó la economía de una hiperinflación galopante y acabó con el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA. Pero otros ven también la pesada herencia de corrupción de su padre, condenado a 25 años de cárcel y de ahí la fuerte oposición hacia ella, especialmente en la capital.
Lo cierto es que Perú vive desde hace décadas una estabilidad económica y social, que aunque ha sufrido un leve deterioro, ha trascendido a las banderas políticas que han gobernado el país. No se esperan grandes cambios con cualquiera de los aspirantes, pero Fujimori tiene el dilema de sacar lo mejor de su herencia y descartar el fardo que le dejó su padre.