La Corte Suprema de Justicia ya ha dejado claro que los pandilleros son terroristas y en ningún país donde el Estado de Derecho prevalezca, se puede permitir o tolerar un movimiento cívico o partido político con semejantes integrantes y con Dios sabrá qué motivaciones oscuras.
Si de por sí la sociedad salvadoreña está frustrada de ver a gran parte de su clase política corrupta o incapaz de solucionar los problemas nacionales, ¿cómo puede permitirse que grupos criminales tengan beligerancia política? Está claro que en gran medida estas alas se las dio la tregua del gobierno anterior con los delincuentes, pero la tan sola idea es intolerable y constituye una enorme bofetada a los miles de salvadoreños que han sido víctimas de su violencia.
Ojalá que no sigan apareciendo voces que intentan justificar su accionar o propiciar una negociación, porque deben entender que eso es una puñalada a los salvadoreños de bien.