Una y otra vez se ha repetido que es imposible la recuperación económica de El Salvador sin la participación de la empresa privada que invierte en el país y genera empleos, paga impuestos y actúa con responsabilidad social.

Pero el último decenio, el clima de negocios ha venido deteriorándose paulatinamente hasta llevar al enfrentamiento verbal y la confrontación polarizante reciente. Los portavoces del Gobierno y del partido oficial han repetido tantas veces la frase “cambio de modelo” que a ningún grupo empresarial le genera confianza semejante expresión abstracta que implica un cambio de reglas. Tampoco han sido muy felices las expresiones de algún vocero empresarial.

Por eso hay que seguir viendo con esperanza el inicio del diálogo Gobierno-ANEP y la agenda que se establece de manera conjunta.

Por supuesto, hay que tratar el tema de pensiones o de la ley del agua, así como la profunda crisis fiscal que sufrimos en El Salvador, pero también es esencial que el clima de confianza, la certidumbre, las reglas claras, se consoliden para mejorar el clima de negocios y que eso impacte en el desarrollo económico y social del país. Es un buen paso abandonar las descalificaciones personales y la confrontación, ahora hay que empezar a dar resultados.