Las autoridades hondureñas han desmantelado en las últimas dos semanas toda una estructura de lavado de dinero de las pandillas, revelando además la ostentación y riqueza con que viven sus cabecillas y los nexos con policías, alcaldes y comerciantes que lavan su dinero.

Lo que los hondureños han hecho es “seguir el dinero”, la premisa investigativa fundamental para detectar los negocios ilícitos del crimen organizado o de la corrupción que, en este caso, se entrelazan evidentemente.

Como se trata de las mismas pandillas que operan en El Salvador, las autoridades locales deberían aprender de esa experiencia: seguir el dinero. Descubrir cómo y quiénes están lavando el dinero de las pandillas. Además, seguramente el patrón se repite, los cabecillas y sus familias deben estar ostentando el dinero mal habido, fruto especialmente de las extorsiones.

En Honduras, en una operación que incluyó cuatro ciudades, se descubrió que los pandilleros han infiltrado todo tipo de negocios y han encontrado caletas ocultas con dinero.

Aquí ya sabemos del poder económico de las pandillas y cómo la tregua los fortaleció y hasta les dio beligerancia política. Ojalá que la Fiscalía y la PNC aprendan del caso hondureño y golpeen donde más le duele al crimen organizado: en su dinero.