Algunos vicios del pasado reciente siguen siendo una constante: Los viajes al exterior que se receta mayoritariamente un grupo de diputados privilegiados; el cierre de micrófono a los diputados opositores cuando incomodan al bloque oficialista; el discurso vacío pero cargado de ataques y golpes bajos; el aprobar leyes sin estudio preliminar y solo apretando el botón porque así manda el jefe de fracción.
La Asamblea Legislativa sigue siendo un órgano de Estado con mala imagen y eso no es culpa de los medios, como los diputados suelen justificarlo. Los diputados siguen dando esa percepción en ese comportamiento que creen estar por encima de la ley, al grado de desacatar resoluciones de la Sala de lo Constitucional o simplemente decir “que me echen presa”, denotando una prepotencia altanera.
Hay demasiadas deudas de la Asamblea, quedan dos años pero la llegada del próximo periodo electoral, acortará su efectividad a un año, veremos qué pueden hacer los diputados.