La captura de los implicados en una masacre que representó un símbolo de la violencia de las pandillas, ha sido un paso muy importante de las autoridades. Este crimen no podía durar un día más impune y ahora toca a la Fiscalía lograr una condena oportuna y vigorosa contra estos delincuentes.

El asesinato múltiple de los obreros de San Juan Opico despertó una ola de indignación generalizada en el país. Una banda de delincuentes le quita la vida a humildes trabajadores contratados por una empresa distribuidora de energía para instalar tendido eléctrico, bajo el único pretexto de que se “cruzaron” territorio. La saña y brutalidad de la matanza son de sobra conocidas. Que hubiera hasta un vídeo de los pandilleros alardeando de su crimen, fue el extremo de la barbarie.

Las autoridades deben acelerar su lucha contra la delincuencia pero también contra la impunidad. Si este hecho desencadenó las medidas extraordinarias que han puesto en emergencia los penales y el acuerdo legislativo para fortalecer el combate a la criminalidad, lo menos que se espera es que un buen trabajo fiscal logre el castigo merecido.

La sociedad salvadoreña quiere justicia, quiere paz, quiere armonía. Castigar este tipo de hechos debe ser ejemplarizante.