Afinales de octubre de 1998, Centroamérica sufría un diluvio inédito debido al paso del huracán Mitch, el peor huracán que tenga memoria la historia de Centroamérica. En El Salvador causó la muerte de unas 240 personas, estragos millonarios en la infraestructura y la agricultura, daños en unas 10 mil viviendas y casi medio millón de damnificados.

Recordar el paso del huracán Mitch aún causa angustia y dolor entre los habitantes de Chilanguera, en el municipio de Chirilagua en La Unión, que el ciclón hizo desaparecer aquellos horribles días de finales de octubre e inicios de noviembre de 1998.

Mitch dejó además miles de víctimas en los países de la región. Nuestros vecinos se llevaron la peor parte. Tegucigalpa y otras ciudades hondureñas quedaron inundadas durante semanas. Unas 11 mil personas fallecieron e igual número desaparecieron en Honduras.

En Nicaragua, el alud de lodo del volcán Casita causó la muerte de unas tres mil personas, otras mil personas fallecieron en otras partes del país por Mitch, además de graves daños en la infraestructura y la red de carreteras.

El huracán Mitch fue la gran campanada de alerta para los centroamericanos acerca del impacto que traía para la región el cambio climático, y es que El Salvador y toda la región es una zona profundamente vulnerable y necesitamos educarnos en la prevención de desastres para que tragedias como esta puedan evitarse en el futuro. Precisamente en este momento tenemos un pronóstico de una depresión tropical, un recordatorio de nuestra vulnerabilidad permanente.