Nicaragua sigue siendo el país con la situación más grave de la región. La dictadura Ortega-Murillo sigue siendo una pesadilla para su pueblo, con una persecución cada vez más demencial hacia la Iglesia Católica y contra toda voz disidente, desterrando a sus ciudadanos y provocando el mayor éxodo de su historia. Además, Nicaragua se está convirtiendo en foco de inestabilidad geopolítica por su alianza sumisa con China, Rusia e Irán.
Panamá se vio agravado por las protestas contra una concesión minera que terminaron con una sentencia de la Corte Suprema, pero además el país está afrontando una sequía sin precedentes que ha puesto en jaque el funcionamiento del vital Canal de Panamá, perjudicando su economía y la cadena logística mundial.
Costa Rica vio agravada su crisis de seguridad, con niveles récord de homicidios y un elevado accionar del narcotráfico, además, una crisis política provocada por un arrogante presidente Rodrigo Chaves que ha priorizado la polarización y confrontación al diálogo que históricamente ha caracterizado al país.
Y Honduras sigue sumido en crisis política tras crisis política, con Mel Zelaya gobernando con su esposa de figura decorativa, pareciéndose cada vez más a la pareja dictatorial nicaragüense, atropellando la institucionalidad y con los mismos problemas de inseguridad y corrupción de siempre. Un año terrible para toda la región.