La Policía Nacional Civil (PNC) presentaba ayer a un presunto cabecilla de la Mara Salvatrucha (MS-13) que huyó hacia Estados Unidos y fue deportado. El acusado es señalado de dirigir una banda de estafadores, se le imputa rentar vehículos que no devolvía y que luego vendía para financiar a la pandilla.

Este tipo de capturas en Estados Unidos, México y especialmente en países vecinos como Guatemala, Belice y Honduras, e incluso Costa Rica, demuestran que el problema de las pandillas es transnacional y que requiere el esfuerzo de toda la región para ser combatido y eliminado.

Pandillas como la MS-13 o la 18 tienen operaciones transnacionales que van desde extorsiones hasta el tráfico de drogas, armas y personas. Su comportamiento criminal es similar en todos los países donde tienen presencia. Con las férreas medidas de seguridad implementadas en El Salvador, cientos de pandilleros han huido a países vecinos y ya se han dado caso de sujetos capturados por diversos delitos en los países vecinos.

Pero no es solo capturar a los pandilleros salvadoreños y retornarlos. El problema de las pandillas es regional y requiere estrategias en común que lleven a reducir los índices de criminalidad y el enorme número de víctimas que ocasiona su actuación delincuencial.

Dejar que las pandillas sigan desarrollándose en uno de los países de la región es un caldo de cultivo para que el problema siga en el resto de países o incluso pueda resurgir tarde o temprano en El Salvador. Por eso es fundamental que desde México hasta Costa Rica -hoy afectada por una ola criminal- haya una visión conjunta de lucha contra este flagelo que tanto daño causa a las sociedades centroamericanas.