El terrorismo no tiene medida y tampoco tiene justificación y mucho menos se puede uno alabarlo o aceptarlo como “normal”. El terrorismo ha hecho sufrir a personas de todo el mundo, de todos los credos políticos y religiosos. Lo vimos el 11 de septiembre de 2001 cuando incluso algunos salvadoreños perecieron.
Estados Unidos e Israel divulgaban detalles ayer de los ataques sufridos por civiles. Los militantes de Hamás decapitaron niños y ancianas. Se sabe de jóvenes mujeres que fueron violadas y asesinadas o secuestradas, incluyendo estadounidenses, europeas y latinoamericanas. ¿Cómo se puede justificar eso?
Lo triste es que eso trae consecuencias para el mismo pueblo palestino puesto que el contraataque israelí puede afectar a la población civil y el horror de la guerra termine siempre perjudicando -directa o indirectamente- a civiles inocentes, como lo hemos visto a lo largo de la historia.
Esperemos que se encuentre pronto una solución pacífica a este conflicto que además, de extenderse, porque la mano de Irán está detrás de Hamás, puede traer consecuencias para todo el mundo debido a la naturaleza productiva de petróleo de la zona.