Parece una lección difícil de aprender para muchos, pero la detención de conductores en estado de ebriedad se ha incrementado un 25 por ciento en relación al año pasado, un reflejo de la peligrosa práctica de combinar el alcohol con el volante y que tantas tragedias nos ha traído.

Según el viceministro de Transporte, las detenciones de diciembre de este año comparado con el mismo mes de 2022 reflejan un aumento 68%. La cifra es alarmante y refleja dos cosas: que hay demasiada gente conduciendo alcoholizada y que los operativos policiales están dando mejor resultado.

Para que lo pongamos en números, las autoridades han arrestado en lo que va del año a 1,702 conductores por manejar alcoholizados. Eso es un incremento del 25% en relación con el año pasado. Lo peor es que parece que para muchos ver a conductores ebrios detenidos cada fin de semana y publicados en medios de comunicación o redes sociales no parece ser suficiente para aprender a no seguir en esos malos hábitos.

Según la Organización Panamericana de la Salud, el riesgo de sufrir un siniestro mortal
es 17 veces mayor para una persona que conduce bajo los efectos del alcohol que para una persona sobria. A eso sume las consecuencias legales y morales de esa conducta si usted provoca un accidente.

Beber deteriora las funciones esenciales para una conducción segura, como la visión y los reflejos, y disminuye la capacidad de discernimiento, lo que se asocia generalmente a otros comportamientos de riesgo, como el exceso de velocidad y el incumplimiento de las normas de protección.