Hace tres años contemplábamos la agria transición presidencial en Estados Unidos cuando en un hecho sin precedentes, Donald Trump se negaba a reconocer los resultados electorales en los que había perdido la presidencia ante Joe Biden.

Ahora la historia parece repetirse y Donald Trump parece encaminado a postularse nuevamente como candidato republicano, casi sin oposición, y enfrentar nuevamente a un presidente Biden que colecciona una serie de fracasos gubernamentales y cuestionamientos sobre la economía o la migración.

Trump ha vuelto a la palestra pública cargada de su discurso xenofóbico, hablando de la pureza de la sangre, maltratando a sus rivales con insultos racistas y teorías falsas, así como otras expresiones supremacistas que hacen pensar lo peor para los migrantes en Estados Unidos.

Las encuestas más recientes muestran muchas posibilidades y alta probabilidad de que Trump pueda volver al poder y entonces habrá que preguntarse cómo sería un segundo gobierno del magnate republicano que en su primer mundo se alejó de sus aliados y se acercó demasiado a la Rusia de Putin. Mucha de su ventaja electoral tiene que ver con los fracasos de Biden y no con sus promesas.

El tema migratorio seguramente dominará en gran medida la relación con Centroamérica. Trump ha prometido deportaciones masivas si vuelve al poder y eso debe ser ya un motivo de preocupación para El Salvador y los países vecinos por las implicaciones sociales, económicas y de seguridad que eso trae.