Es un hecho que aún clama justicia. A cuatro décadas hay un proceso judicial que aún no concluye. La búsqueda de la verdad y de la justicia siguen siendo una aspiración en este y muchas violaciones de derechos humanos más del conflicto armado, perpetradas tanto por fuerzas gubernamentales como la entonces guerrilla del FMLN.
El Mozote es un símbolo del horror de la guerra, de la impunidad de la postguerra y debe ser un hecho que no debe olvidarse para que jamás se repita en El Salvador.
Irónicamente, el aniversario de la matanza coincide con el Día de los Derechos Humanos que se celebra cada 10 de diciembre, recordando que en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, que proclama los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
El Mozote es una herida profunda en la historia salvadoreña y no debe olvidarse precisamente para que nunca más vuelva a suceder. Ese debe ser el compromiso de toda la nación con su pasado.