Es imposible dejar de recordar aquel 10 de octubre de 1986 cuando un fuerte terremoto sacudió San Salvador y destruyó gran parte de la ciudad, dejando miles de muertos y muchísimos damnificados. Se combinaba una catástrofe natural con el desastre provocado por las partes en la guerra civil que sufría el país por aquellos años.

Todavía podemos ver algunas huellas de aquel terremoto de 7.5 grados Richter en algunos edificios del centro capitalino. Precisamente ayer, la Alcaldía de San Salvador organizó un simulacro como un recordatorio de aquella tragedia y como una forma de prepararnos ante otro desastre de este tipo, lamentablemente comunes en nuestra geografía. Es fundamental educarnos desde la niñez en prevenir estos desastres.

El terremoto de 1986 es un recordatorio de nuestra permanente vulnerabilidad. Al país igual lo afectan terremotos que huracanes y sequías. Y en tiempos de cambio climático es cada vez peor el efecto.

Aunque mucho ha mejorado en materia de Protección Civil y atención de emergencias en los últimos años, la naturaleza siempre nos sobrepasa. Siempre hay gente que pierde su casa, que tiene que refugiarse en albergues y que se ve afectada de una u otra manera. Las pérdidas humanas y materiales siempre las tenemos que lamentar.

Por eso es importante la preparación, seguir las advertencias de las autoridades de Protección Civil ante emergencias de este tipo y educarnos en la prevención de desastres naturales. Los simulacros son fundamentales a nivel escolar para que las futuras generaciones no sufran tanto los efectos como sus ancestros.